Doppelgänger es la palabra alemana para referirse al doble fantasmagórico de una persona (Wikipedia). Obviamente no voy a hablaros hoy de fantasmas. Aunque la evolución de las especies no es ajena a los fantasmas o, mejor dicho, a los anacronismos evolutivos.

Hoy vamos a ver algunos ejemplos de especies que se parecen mucho (pero mucho) a otras especies con las que no tienen ninguna relación de parentesco directa. Del mismo modo que dos hermanos biológicos se parecen porque tienen los mismos padres, dos especies muy próximas o emparentadas (hermanas) también se parecen porque vienen ambas de un mismo ancestro. No es este el caso. Las especies que veremos hoy han evolucionado cuerpos muy similares, pero siguiendo caminos evolutivos distintos, con ancestros directos diferentes.

Este fenómeno se conoce en biología como convergencia evolutiva (cuando los ancestros de las especies tampoco se parecen) o paralelismo (cuando los ancestros también se parecían). A veces saber si la semejanza de dos especies es por convergencia o paralelismo no es una tarea sencilla, porque no conocemos los ancestros. Pero en general, y considerando el fenómeno como un todo, las convergencias evolutivas son similitudes entre especies que han evolucionado independientemente unas de otras.

Vamos a verlo mejor con un ejemplo bastante familiar.

caribbean_reef_shark

delfin

ichthyosaurus_h_harder

Uno de los ejemplos más conocidos de convergencia evolutiva es el de animales como los tiburones y los delfines. Un observador meticuloso verá que no son del todo iguales, de hecho presentan muchas diferencias. Pero no dejan de ser bastante parecidos para el observador casual. Tienen una forma alargada aerodinámica (fusiforme), piel reluciente oscura por arriba y clara por abajo, y aletas pectorales, caudales y dorsales. Sin emabargo, estos animales están muy alejados en la evolución de los vertebrados. El primero (tiburón) pertenece al grupo de los peces cartilaginosos (sin huesos), los cuales son más antiguos que los peces con espinas actuales. El segundo (delfín) es un mamífero emparentado con los hipopótamos actuales y el resto de mamíferos terrestres. La tercera imagen (menos familiar) es una reconstruccion de un ictiosaurio, unos reptiles (sauropsidos) que evolucionaron hace más de 450 millones de años a partir de reptiles terrestres. Tres grupos de vertebrados con historias muy diferentes, pero que han evolucionado unas formas muy similares.

Y como el ejemplo anterior, muchos más. Aqui os dejo una pequeña muestra.

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En orden de aparición: lobo marsupial, lobo común, armadillo, pangolín, lagarto volador, petauro, ardilla voladora, murciélago, ave, planta suculenta sudafricana, cactus texano.

¿Que nos enseñan las convergencias sobre evolución?

A problemas similares, soluciones similares. Este es el fundamento de las convergencias evolutivas. Contextos ambientales, o presiones selectivas, similares permiten la aparición y evolución de soluciones funcionales similares.

Sin embargo, la selección natural trabaja con lo que hay, y a veces lo que hay en los ancestros es muy diferente en unas especies y otras. La forma en que estas especies se desarrollan, sus genes, y su anatomía interna dejan bien claro que estas soluciones similares no vienen de compartir un ancestro común reciente. Por ejemplo, el esqueleto de las aletas de los tiburones está formado por radios cartilaginosos, mientras que el de los delfines (por ser mamíferos) está formado por huesos en una organización muy parecida a la que podemos encontrar en nuestros propios brazos y piernas.

Las convergencias evolutivas nos ayudan a entender las relaciones entre la forma y la función (como vimos la semana pasada) y entre homologías y analogías (como vivimos en otro post). Me dejo en el tintero, para otro día, hablaros en más detalle de homología y analogía, dos conceptos clave en bioología evolutiva.