Aprovechando que la semana pasada estuve unos días en el Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard, me gustaría compartir algunas fotos e ideas de mi visita allí. Hoy no vamos a comentar un artículo científico en particular, si no el trabajo que ocurre antes de todo eso. Ya vimos en otro post que las colecciones de los museos son esenciales para la investigación en biología, más aún en biología evolutiva. Y como parte de mi proyecto actual trata de entender mejor la evolución de nuestras extremidades, me vine a Harvard a ver algunos de los restos fósiles más impresionantes que existen de los primeros vertebrados que pisaron la tierra hace cientos de miles de años.

Como cabe esperar de una de las universidades y museos más famosos del mundo, las instalaciones que guardan estos fósiles son impresionantes. En un edificio de cristal construido recientemente al lado del viejo museo. En la tercera planta subterranea, protegida de los cambios de humedad y temperatura. Hay una gran sala de color blanco llena de armarios blancos de más de 2 metros de altura repletos de bandejas con fósiles. Estos fósiles han sido acumulados durante más de 100 años de trabajo por muchos paleontólogos, desde los tiempos de Louis Agassiz (1807 – 1873), primer director del museo, hasta la actualidad.

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En armarios como estos se almacenan con mucho cuidado y en condiciones óptimas los restos fósiles de todo tipo de animales. Algunos armarios están vacios a la espera de nuevos fósiles por descubrir.

Los armarios están llenos de bandejas con fósiles y también reproducciones de fósiles guardados en otros museos del mundo. Todo cuidadosamente catalogado y numerado para que los científicos puedan confirmar y comparar sus estudios sobre estos materiales (y para que nada se pierda). Por ejemplo, la identificación MCZ1011 corresponde a un grupo de huesos del brazo pertenecientes a Seymouria, un primo hermano del ancestro de todos los reptiles y mamíferos actuales que vivió hace 270 millones de años.

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Esta badeja contine huesos de Eryops, un antepasado de los anfíbios actuales que vivió hace 290 millones de años.
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Más huesos de Eryops.
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Ichthyostega, primo de los primeros vertebrados terrestres, vivio hace 360 millones de años. Sus patas traseras, como esta, aún estaban adaptadas a una vida semiacuática. Pero ya se distinguen claramente las características propias de un pie, como los huesos del tobillo y los dedos.

El estudio de estos fósiles me ayudará a entender mejor cómo han evolucionado las patas de los tetrápodos (animales de cuatro patas), incluyendo las nuestras, a partir de sus ancestros acuáticos. Pero más sobre esto otro día.