Has pasado días, semanas, meses o años recogiendo los datos de tu estudio. Has dedicado muchas horas a analizarlos para ver si confirmaban o desmentían tu hipótesis. Has revisado decenas, si no cientos, de trabajos de otros autores sobre el tema. Ahora por fin, después de mucho escribir, compartir con colaboradores, hacer un sinfín de correcciones y editar el texto, tablas, figuras y materiales suplementarios, tienes tu artículo científico listo para enviar a una revista de prestigio.

Pero, ¿qué es un artículo científico?

El artículo científico es la forma preferida por los investigadores de comunicar sus nuevos descubrimientos. Consiste en un breve informe donde se explica la importancia y necesidad del estudio realizado en su contexto, sus objetivos, qué se ha estudiado y cómo, los resultados obtenidos, y cómo los hemos interpretado. Otras formas de comunicación científica son los libros, las patentes o las presentaciones en congresos.

¿Por qué son importantes los artículos científicos?

Tres motivos hacen del artículo científico el medio de comunicación preferido para los investigadores.

  1. Su brevedad. En unas pocas páginas el artículo da a conocer los resultados y descubrimientos entorno al tema estudiado. En teoría, el artículo debe contener toda la información necesaria para entenderlo completamente.
  2. Mide el “éxito” del científico. El número de artículos publicados, las revistas donde aparecen (factor de impacto) y las citas que reciben estos artículos son algunas de las medidas que las universidades, agencias de financiación y gobiernos de todo el mundo usan para evaluar la productividad de los investigadores.
  3. La revisión por pares. Antes de que cualquier artículo sea publicado tiene lugar un proceso de revisión por otros científicos profesionales. El objetivo es estar seguros de que el trabajo ha seguido unas buenas prácticas, que los materiales y métodos son los adecuados, que los resultados son correctos y, en definitiva, que el descubrimiento presentado es válido. Una correcta revisión por pares es lo más importante de un artículo científico. Le da valor a su contenido y lo diferencia de cualquier otra forma de comunicación científica, así como de otras informaciones seudocientíficas o no-científicas.

¿Cómo funciona el sistema?

Para empezar el investigador envía el artículo a una revista a través de su web. En esta web se introduce tanto información científica como técnica y se suben todos los archivos derivados del estudio: texto del artículo, figuras, tablas, etc. Aunque las plataformas pueden ser diferentes todas piden más o menos lo mismo. Eso sí, cada revista pide que el formato de los archivos sea conforme a su estilo. Por ejemplo, unas quieren los métodos antes de los resultados, otras al final; unas quieren las referencias de los artículos que citas con el nombre y el año (Menganito 2017), otras con un número de referencia ([1]); unas quieren las figuras con unas dimensiones, otras de otro. En proceso suele costar entre 30 minutos a un par de (desesperantes) horas.

Una vez la revista ha recibido tu artículo el editor decide, tras una rápida lectura (a veces consultando informalmente a otros editores o científicos), si tu artículo es de calidad e interés suficiente para enviarlo a revisar. O si, por el contrario, no cumple los estándares de la revista y es rechazado sin revisión.

Muchas veces los artículos son rechazados directamente solo porqué el editor considera que no es bastante “importante”, no porqué piense que esté bien o mal hecho. Así que tampoco hay que tirarse de los pelos cuando esto pasa.

Si el editor decide que el artículo merece ser considerado, buscará entre 2 (mínimo) y 5 (máximo que yo he tenido) revisores para que, voluntaria y gratuitamente, dediquen parte de su jornada laboral a asegurarse de que el artículo se entiende bien, sea técnicamente correcto, y los resultados e interpretación sean adecuados. En definitiva, que todo esté atado y bien atado. Después de valorar todas las revisiones el editor decide si:

  • Ningún cambio es necesario. Teóricamente posible, no me ha pasado nunca.
  • Revisión menor. Solo son necesarios unas mínimas correcciones y el artículo estará listo para publicar. Me ha pasado 2 o 3 veces de unas 50.
  • Revisión mayor. El artículo necesita una revisión “profunda”. Es necesario corregir errores más importantes o añadir aclaraciones. También debes escribir una “carta” dirigida a los revisores y al editor donde explicas punto por punto cómo has incorporado (o no) sus comentarios. Y el proceso de revisión vuelve a empezar. Los revisores pueden estar satisfechos con los nuevos cambios o pedir más. Y repetimos el proceso hasta que todos ellos están contentos (o hasta que los envías a la porra, lo que pase antes).
  • Rechazado. Cuando esto pasa a veces te dejan enviarlo de nuevo si lo cambias lo suficiente, y así empezar de cero, o te pueden decir que no lo quieren volver a ver

Normalmente los revisores hacen su trabajo de forma anónima: los autores no saben quienes son los revisores, pero los revisores si conocen la identidad de los autores (revisión a ciegas). Esto puede dar lugar en algunos casos a que un conflicto previo o una riña se inmiscuya en el proceso de revisión (algo nada deseable) o a que, escudados en el anonimato, algunos revisores no sean 100% justos. O al revés, que haya amiguismo. Por suerte los editores suelen darse cuenta de estas cosas y tienen la última palabra sobre el proceso de revisión. Aunque el editor también es humano.

El sistema de revisión por pares, aún siendo el pilar que sustenta la producción de conocimiento científico, se encuentra en una fase de auto-crítica. La revisión por pares es como la familia: los científicos no paramos de criticarlo, pero no nos gusta si alguien de fuera la critica mucho. Recordemos que la revisión por pares es una de las barreras que permiten separar la ciencia de las seudociencias. Sin quitarle importancia, en los últimos años se están proponiendo distintas fórmulas para mejorar este proceso. Para evitar algunos de sus problemas inherentes están apareciendo nuevos modelos de revisión, como la revisión a doble ciego donde ni autores ni revisores conocen la identidad de nadie. También es cada vez más común que los revisores den la cara y no se escondan en el anonimato. Esto es muy útil si, por ejemplo, los autores tienen alguna duda sobre los comentarios de algún revisor, pudiendo pedir más información al revisor directamente.

Pero el mayor problema, y del cual nos quejamos con más frecuencia los investigadores es la lentitud de todo este proceso (podéis ver un ejemplo real en la figura de abajo). Cierta lentitud está justificada, ya que queremos tener una revisión de buena calidad y eso necesita tiempo. Pero a veces supera la paciencia de uno….

Sci Rep 14Nov2017
Pasos del proceso de publicación después de enviar un artículo por primera vez a una revista. Este ejemplo es de un artículo mío que aún no está publicado (“y lo que te rondaré morena”).

Como se muestra en la figura de arriba: tras enviar el artículo a la revista, entre el 28 de marzo y el 19 de abril hubo un poco de toma y daca sobre el formato de los textos y las figuras, hasta que todo estuvo al gusto formal de la revista; el 16 de mayo le llego el texto al editor, que tardó varias semanas en encontrar revisores que pudieran/quisieran revisarlo; a esto parece que siguió una serie de idas y venidas que no entiendo bien (quizá revisores que abandonaron o no entregaron su revisión a tiempo); finalmente, cuatro meses después, la decisión del editor fue que el artículo necesitaba ser revisado. Cuando el texto esté adecuadamente corregido, lo volveremos a enviar. El editor decidirá entonces si todo esta correcto, o lo vuelve a enviar a los revisores para otra nueva ronda.

¿Y cuanto os pagan a los investigadores por publicar un artículo?

A alguno le va a sorprender esto pero los investigadores no cobramos por publicar artículos. Los investigadores que participan como revisores tampoco reciben un euro por ello. La gran mayoría de editores de las revistas tampoco son pagados por ellos (al menos en mi campo): en general los editores son también investigadores en activo, salvo en algunas pocas revistas que cuenta con editores profesionales en plantilla. Además, las revistas suelen exigir a los autores que editen el formato de sus textos para que se ajuste a sus criterios formales (un dinerito que se ahorran en editores). Lo sorprendente llega cuando otros investigadores, o cualquier persona, quiere consultar un artículo científico online y se encuentra con esto…

Artículo de pago. Solo accediendo desde una institución que ha pagado la cuota de suscripción a esta revista podrá acceder al artículo. O puedes pagar 35€.

Pese a que el contenido es generado y revisado gratuitamente, las revistas cobran un buen dinero por sus servicios: alojar contenido online, maquetar, distribuir, etc. Las suscripciones anuales a una sola revista puede ascender a varias decenas de miles de euros, independientemente de si la revista aparece en papel o solo online. Y su precio sube cada año. Tanto es así que muchas instituciones no pueden hacer frente a esos costes (y no solo las más pobres: titular “La Universidad de Harvard dice que no puede permitirse el precio de las revistas”), y muchos profesionales se empezaron a revelar contra el abuso de las editoriales.

Obsérvese la ironía. Instituciones, financiadas con dinero publico (directamente o mediante proyectos becados) pagan a las editoriales para que sus investigadores puedan leer artículos cuyo contenido ellos mismos producen gratuitamente. Y además, si una persona cualquiera (que paga sus impuestos) quiere acceder a ese contenido, también debe pagar.

Como respuesta a este abuso apareció la opción del acceso abierto. En su forma ‘Oro’, los investigadores pagan una cuantía a la editorial cuando su artículo es publicado, a cambió el artículo se distribuye gratuitamente a todo el mundo que lo quiera. En su forma ‘Verde’, los autores pueden distribuir gratuitamente copias sin el formato de la revista en sus propias páginas web, en webs dedicadas a alojar este tipo de documentos (preprints), o en webs de las propias instituciones. Aunque esto último ya se venía haciendo de mucho antes, cuando la tecnología empezó a permitirlo.

El acceso abierto, lamentablemente, no ha frenado a las grandes editoriales, y éstas también han abrazado esta opción. Ahora los autores pueden pagar el “módico” precio de entre 1000 y 5000 euros para que sus trabajos los pueda leer todo el mundo. Realmente el científico raramente paga de su bolsillo (pocos están dispuestos, y aún menos pueden). El dinero para pagar el acceso abierto oro sale de los proyectos de investigación, lo cual en el contexto del sistema público quiere decir, que el dinero sale de tus impuestos. Como veis todo cambia, pero el dinero generado entorno a los artículos científicos siempre va a parar a los mismos bolsillos.

 El lado oscuro del artículo científico

Si tienes algún amigo o familiar científico habrás notado que nos ponemos contentos cada vez que publicamos un artículo. O nos disgustamos cada vez que nos rechazan uno. Esto está relacionado con el punto 2 mencionado más arriba: el uso del artículo científico como una medida del éxito o productividad del investigador.

Para muchos investigadores, especialmente los que estamos empezando, publicar artículos de calidad a buen ritmo es la única forma de conseguir becas, trabajos, y dinero para nuestros proyectos. Es decir, para seguir siendo investigadores y tener una vida adulta normal. Como podéis imaginar esto puede generar bastante estrés y trastornos de ansiedad. A esto se suma, además, la inestabilidad inherente a la profesión: concatenación de contratos cortos, en distintas partes del mundo, y sin casi beneficios (e.g., sin subsidio de desempleo, sin pensión, etc). Lo cual hace muy difícil conciliar la vida personal y laboral.

En lo tocante a la ciencia en si, utilizar el artículo como medida de éxito promueve malas prácticas, comportamientos poco éticos y modelos de negocio fraudulentos. Por ejemplo, un científico puede estar tentado a falsear algunos de sus resultados para conseguir que su estudio sea aceptado por una buena revista. O los investigadores pueden espiarse y robarse ideas para ser los primeros en publicar algo importante. También pueden aparecer conflictos por figurar como autor de un artículo sin merecerlo, o por el orden de aparición (el primero y el último son los más codiciados, porqué marcan el autor principal y el autor más senior). Además, han aparecido empresas editoriales de dudosa reputación, llamadas revistas depredadoras, que prometen aceptar nuestros artículos rápidamente a cambió de pagar entre 1000 y 2000 euros; normalmente, realizando una mínima, si acaso alguna, revisión por pares.

Pese a todo, con el tiempo (casi) todo se acaba descubriendo y (en lo posible) enmendando. Por ejemplo, cuando se descubre que alguien ha falseado los resultados sus artículos se retiran de las revistas. Los casos más graves pueden terminar en investigadores despedidos y condenados al ostracismo.

Artículo se retiró cuando se descubrió que los autores crearon y dieron información falsa durante el proceso de revisión. “Como la integridad científica del articulo no puede ser garantizada”, sigue la nota, la editorial retira el artículo.

Espero que este post os haya ofrecido una nueva perspectiva sobre el trabajo de los investigadores en su día a día (más allá de los momentos brillantes, que también los hay). Tenéis la sección de comentarios a vuestra disposición para cualquier pregunta o sugerencia.